Lupus: cuando nuestro cuerpo lucha contra sí mismo

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Lupus: cuando nuestro cuerpo lucha contra sí mismo

Aunque pueda parecerlo, el lupus no es una enfermedad de licántropos. Recibe este nombre debido a que puede originar en los pacientes una erupción en el rostro semejante a la marca que dejaría la mordedura de un lobo. El lupus afecta al sistema inmunitario de las personas que lo padecen, y este hecho plantea una pregunta: ¿Cómo protegernos cuando el enemigo somos nosotros mismos?

Nuestro sistema inmunitario es el encargado de combatir los agentes extraños a nuestro cuerpo, protegiéndonos así de aquello que pueda dañarnos. Sin embargo, en el caso de los pacientes con lupus, el sistema inmunitario ataca a las células y tejidos sanos. Es decir, es el propio encargado de protegernos el que rechaza nuestro propio cuerpo al reconocerlo como enemigo. No se trata de que el sistema inmunitario se debilita, sino lo contrario, su cuerpo produce demasiadas defensas.

Esta enfermedad autoinmune y crónica puede afectar a los vasos sanguíneos, las articulaciones  o a distintos órganos del cuerpo, como la piel, los riñones, el corazón o el cerebro. Dependiendo de a qué partes del cuerpo ataque esta enfermedad, se debe utilizar un tratamiento específico.

El lupus se manifiesta de forma intermitente. Existen periodos en los que los síntomas se presentan de forma más evidente, llamados brotes, y periodos en los que esos síntomas remiten (lo cual no significa que la enfermedad se haya erradicado, sino que está inactiva, en estado latente). Entre un brote y otro puede pasar mucho tiempo, incluso años, y cada brote puede afectar a un órgano distinto. Algunos de los síntomas son los dolores articulares o musculares, fatiga, inflamación, dolor y daño en los tejidos, entre otros.

La causa que origina el lupus es todavía desconocida. Afecta a una población muy heterogénea, lo que dificulta encontrar un patrón igual de unos apacientes a otros, aunque las mujeres fértiles tienen mayor probabilidad de sufrir esta enfermedad. Por ello se piensa que las hormonas femeninas, los estrógenos femeninos, podrían estar implicadas también en esta patología. Entre las posibles causas que desencadenan el lupus se baraja la genética. Si existen familiares con lupus, existe mayor probabilidad de sufrirlo, pero todavía se desconoce qué genes concretos son los responsables. Algunos medicamentos o factores ambientales también podrían estar implicados en la aparición de un brote.

Lupus y fibromialgia

Estas dos patologías comparten un gran número de síntomas, por lo que en ocasiones pueden confundirse (como  fatiga y dolor articular y muscular). Por otro lado, en ambos casos los síntomas son intermitentes, y pueden desaparecer durante un periodo de tiempo para después volver a mostrarse. Y, a pesar de que recientemente se ha demostrado que alrededor de un tercio de los pacientes con lupus también tiene fibromialgia, la relación entre ambas enfermedades no está del todo clara, al menos por el momento y se puede sufrir una sin padecer la otra.

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